Miércoles 16 de
enero de 2008
Análisis
El problema no son las cuevas
Si mañana Córdoba prohibiera toda
la minería metalífera, no pasaría gran
cosa.
Sergio Carreras
De nuestra Redacción
scarreras@lavozdelinterior.com.ar
Un escueto parte de prensa
oficial informó en la tarde de ayer que el Gobierno provincial
"resolvió prohibir la explotación mineral
metalífera en la zona de las cuevas de Ongamira".
Es importante aclarar
que hasta ahora no se conoce un solo emprendimiento que tenga
previsto reventar las cuevas históricas para buscar metales.
También debe recalcarse la necesidad de una ley provincial
que, a los fines de evitar zozobra jurídica, especifique
la naturaleza de la prohibición y la extienda a todo
el territorio cordobés; caso contrario se estaría
creando un área de excepción jurídica geográficamente
delimitada.
Más allá
de esos detalles, es bueno resaltar que la decisión del
Gobierno provincial puede representar una buena oportunidad
para Córdoba.
Una docena de provincias
argentinas, extendidas junto a la cordillera casi todas ellas,
acogen rebeliones y conflictos regionales o locales de distinta
intensidad, originados en la llegada de megaemprendimientos
mineros, principalmente metalíferos.
La gravedad de varios
de estos conflictos ya determinó que cinco provincias
(Mendoza, Chubut, La Pampa, Tucumán y La Rioja) hayan
aprobado leyes que prohibieron la minería metalífera
a cielo abierto, espantadas ante la perspectiva de descubrir
sus cuencas hídricas contaminadas con el cianuro que
usa ese tipo de emprendimiento.
Durante el año
pasado, Córdoba, una provincia con siglos de tradición
minera no metalífera, amenazó con sumarse a las
provincias agitadas por el mismo problema, cuando surgió
la versión de que una gigantesca mina abriría
su boca en la zona de Ongamira.
Luego se conoció
que otra similar tendría más chances de instalarse
en Cañada de Salas, departamento Pocho.
Si mañana Córdoba
prohibiera toda la minería metalífera, no pasaría
gran cosa: el ciento por ciento de su minería es piedra
de cantera triturada, que alimenta la industria de la construcción
de medio país y, en menor medida, piedra ornamental con
destino de exportación.
El desafío que
tiene por delante Córdoba está más allá
de las cuevas de Ongamira. Debe trabajar en el Consejo Federal
de Minería junto a las provincias cordilleranas, para
que la Nación mejore el código minero heredado
de la gestión de Carlos Menem. Este marco legal ha demostrado
ser propio de la época colonial, excesivamente beneficioso
para los grupos extranjeros y oneroso para las regiones mineras,
que se quedan con la contaminación, con el reclamo y
las molestias, mientras el dinero grande va a parar al extranjero
y una muy pequeña cuota queda aquí en concepto
de regalías.