Como
una ciudad encantada
Vestigios de tiempos remotos se manifiestan
como extrañas figuras de arena y lava volcánica en
la ladera de las sierras cordobesas. Al igual que las de Ongamira,
son una propuesta original en los paisajes de la geografía
provincial.
El territorio provincial es generoso en paisajes donde los protagonistas
son los arroyos, ríos, quebradas, valles y llanuras. Al norte
del valle de Punilla, cerca de Capilla del Monte, Los Terrones es
un paraje, pleno de magia y leyendas, en el que los vestigios de
un tiempo remoto se revelan en las laderas de las sierras como misteriosas
formas donde las areniscas, la erosión y el paso del tiempo
se conjugan. A pesar de su importancia geológica y escénica
es poco conocido incluso por los cordobeses. Por las características
de su paisaje Los Terrones puede sumarse junto con Ongamira, en
Córdoba; a Los Altares en Chubut; Talampaya en La Rioja;
y el Valle de la Luna, en San Juan. Las extrañas figuras
de arena y lava volcánica se recortan en el cielo azul. Después
de una tranquera se debe dejar el automóvil en la playa de
estacionamiento en el acceso al predio.
En el centro de una frondosa vegetación de palmeras y helechos,
emergen estos cerros de areniscas rojizas triásicas que el
tiempo y el clima erosionaron. Surgen así como tallas: el
dedo de Dios; tortugas; castillos y torres, rostros indígenas
y camellos. Un laberinto de cañadas y quebradas formadas
por las corrientes de 1os arroyos integran esa puesta en escena.
Desde la cima (a 1.400 metros sobre el nivel del mar) se divisa
el río Pinto; el dique Cruz del Eje y al sur Los Alazanes
y un sector de Punilla.
Este parque tiene un equipo de guardafauna y ambientalistas por
ser zona donde se protege estrictamente la naturaleza. Tras estas
impresiones, se inicia la caminata por una senda que tiene algunos
escalones tallados en la piedra. Luego se cruza un arroyo y se ingresa
a una serie de pasadizos rocosos. Diversas cuevas surgen entre cañones
de luz solar que se filtra por las paredes y se intercala con helechos
y sombras.
Es como una ciudad encantada en la que se lucen conjuntos de torres
de piedra de agreste magnificencia. Esta zona fue hábitat
de comechingones que dejaron restos de su cultura que fueron recogidos
para el pequeño museo del lugar.
No hay que perder la oportunidad de escuchar las historias de lugareños
que narran crónicas de buscadores de oro y leyendas de luces
que adjudican a seres extraterrestres.