Ongamira
Colchiquí,
el cerro maldito
En el noroeste provincial
está el cerro utilizado por los comechingones para sus ceremonias
religiosas.
El sábado se presentaba húmedo, con algo de neblina
y el cielo amenazaba con "descargar" en cualquier momento.
Aún así a las 5 de la mañana resolvimos partir
a nuestro destino de caminantes. Nos esperaba Ongamira y su símbolo
místico: el cerro Colchiquí.
Llegamos a las 7 en punto
y allí estaba nuestro guía Alfredo Castillo, lugareño
comprometido con su tierra, si los hay. Durante media hora las nubes
del amanecer jugueteaban en la cumbre y nos desafiaban, hasta que
"Alfredín" dijo: "Bueno, basta, hay que subir".
Y allá fuimos, sabiendo de antemano que no "habría
paisaje" desde la cumbre y mucho menos cóndores.
El objetivo inicial era doble:
divisar desde ese "techo" del valle sus particulares formaciones
geológicas esculpidas por el viento desde hace más
de 100 millones de años, y acertar con el avistaje cercano
de esa ave majestuosa bautizada como "padre del cielo".
No se cumplió, pero
a medida que ascendíamos la naturaleza nos fue haciendo otros
regalos, en el momento que la bruma y una tenue llovizna nos fueron
envolviendo. En algunos tramos la visibilidad era de tres metros,
en otros la campiña solitaria, rojiza, amarronada y verde
se mostraba mustia y parecía invitarnos a sacar esas fotos
únicas, sin el brillo del sol, con tonos apagados.
El escenario le daba razón
más que nunca al poeta que inmortalizó: "Puedo
escribir los versos más tristes ...". Neruda vivió
allí su primer exilio de Chile y calificó -seguramente
fruto de su estado de ánimo- a Ongamira como el lugar más
triste de la Tierra.
Cuando la garúa se
hizo pertinaz y molesta nos transformamos en comechingones y nos
refugiamos debajo de un alero de piedra. "Alfredín"
aprovechó el entorno para recordar parte de la historia grande
que pasó por esos lares.
Rebeldes "con
causa". El expedicionario español don Diego
de Rojas había llegado en 1.543 y trató de instalarse
en un paraje hoy cercano a Charbonier. Los indios no lo dejaron
y así triste fin tuvo el Fuerte de Malaventura.
Ongamira (su verdadera etimología
no tiene registro real) es de todos modos sinónimo de rebeldía,
palabra que tanto identifica a Córdoba. Los habitantes de
ese lugar fueron los únicos que se enfrentaron a los españoles.
Los únicos que no se resignaron a ser sometidos y que mataron
al capitán Blas de Rosales cuando llegó a tomar posesión
de esas tierras. Esto ocurrió nueve meses después
de la fundación de Córdoba en 1573. Triste ironía
de la historia, fue después Antón Berrú (el
mismo que traicionó a don Jerónimo Luis de Cabrera)
quien se encargó de la venganza final.
Arrinconados contra el cerro,
superados en número y capacidad bélica los comechingones
no se rindieron: murieron en combate o se lanzaron al vacío.
Por eso el nombre Colchiquí (Dios de la fatalidad) por eso
el título: El Cerro maldito.
En los años de la
conquista la ruta del valle de Ongamira era clave para la comunicación
entre las tribus del cacique Tulián en la zona de Cruz del
Eje con otros agrupamientos indígenas ubicados en las cercanías
de Deán Funes.
Hoy, vaya paradoja, no circula
ni una sola línea de ómnibus.