La ciudadanía no esta informada
respecto de los peligros que implica la gran
explotación.
Se alteran los cursos de agua mientras
se agotan arroyos y vertientes. Los drenajes
ácidos generados suman sus efectos a los del cianuro,
disolviendo y transportando a los cursos de agua metales pesados como
arsénico, cromo, mercurio, plomo y cadmio. Todos altamente
tóxicos. Estos drenajes pueden comenzar aún después
del abandono de la mina; y sus efectos continúan contaminando
las aguas superficiales y subterráneas por siglos.
La eliminación de la capa superficial
del suelo con toda su vegetación en las áreas
de explotación minera causa desertificación, favoreciendo
la erosión y el empobrecimiento del suelo en las zonas circundantes,
con la consecuente disminución del rendimiento agropecuario.
La fauna es atacada por la contaminación
y alterada por el ruido. Varias especies van a desaparecer
de la zona.
A los polvos tóxicos en suspensión,
vapores y emanaciones gaseosas de cianuro y dióxido de azufre
que contaminan el aire, se le agrega el impacto sonoro producido
por las distintas detonaciones explosivas, molienda, transportes,
etc.
Además, son muy frecuentes los accidentes de todo tipo en el
transporte y la ruptura de los diques de cola que acumulan los desechos
tóxicos.
Todo lo expuesto genera la destrucción del ambiente, del valor
paisajístico y del patrimonio cultural de las comunidades.
En el caso de
Ongamira, la riqueza y valor del patrimonio arqueológico y
paleontológico fueron ya reconocidos por la Agencia Córdoba
Cultura S.E., máxima autoridad provincial en la materia.