La
minería a cielo abierto es una actividad industrial de alto
impacto ambiental, social y cultural. Es también una actividad
industrial insostenible por definición, en la medida en que
la explotación del recurso supone su agotamiento.
Las innovaciones técnicas
que ha experimentado la minería a partir de la segunda mitad
del presente siglo han modificado radicalmente la actividad, de modo
que se ha pasado del aprovechamiento de vetas subterráneas
de gran calidad a la explotación «en minas a cielo abierto»
de minerales de menor calidad diseminada en grandes yacimientos.
La minería a
cielo abierto remueve la capa superficial o sobrecarga de la tierra
para hacer accesibles los extensos yacimientos de mineral de baja
calidad. Los modernos equipos de excavación, las cintas transportadoras,
la gran maquinaria, el uso de nuevos insumos y las tuberías
de distribución permiten hoy remover montañas enteras
en cuestión de horas, haciendo rentable la extracción
de menos de un gramo de oro por tonelada de material removido.
Existe consenso en
la literatura sobre el tema en el sentido de que ninguna actividad
industrial es tan agresiva ambiental, social y culturalmente como
la minería a cielo abierto (MCA).
La minería a
cielo abierto utiliza, de manera intensiva, grandes cantidades de
cianuro, una sustancia muy tóxica, que permite recuperar el
oro del resto del material removido. Para desarrollar todo este proceso,
se requiere que el yacimiento abarque grandes extensiones y que se
encuentre cerca de la superficie. Como parte del proceso, se cavan
cráteres gigantescos, que pueden llegar a tener más
de 150 hectáreas de extensión y más de 500 metros
de profundidad.
Junto al cianuro se
emplean diariamente decenas de millones de litros de agua, haciendo
uso masivo de los recursos hídricos locales agotando caudales
y desviando cursos en ríos y arroyos, afectando caudales y
niveles en aguas freáticas (en la mina a cielo abierto de Andalgalá
- Catamarca las napas subterráneas bajaron hasta 7 mts. dejando
sin agua a agricultores y pobladores).
A estos graves impactos
hay que agregar la gran contaminación generada por los venenos
liberados por este tipo de minería como los metales pesados
( Arsénico, Plomo, Mercurio, Cadmio, Selenio...) capaces de
permanecer en el ambiente por siglos y de difundirse sin control a
través de las aguas subterráneas que viajan a distancias
incalculables.
Los llamados diques
de colas reservorios de millones de metros cúbicos de desechos
líquidos y barros con cianuro, arsénico, plomo y demás
metales pesados, que filtran al subsuelo y desbordan en los ríos
y arroyos, quedan abandonados, una vez terminada la explotación
como una bomba de tiempo para nosotros y la posteridad. ( Catástrofes
ambientales de Doñana - España - 1998, Baia Mare - Rumania
- 2000, Guayana - 1995 ... )